Saúl El rey buen mozo y necio (1 de Samuél 8:16)






Samuel, el juez y líder de Israel era ya anciano, crió a sus hijos para ser jueces sobre Israel para tomar su lugar en el servicio de Dios, pero sus hijos eran malos, amaban más el dinero y usaban el poder para conseguirlo deshonestamente. Israel sufría por la maldad de los hijos de Samuel cada vez que querían. Un día los ancianos de Israel se reunieron para pedir ayuda a Samuel.

“Danos un rey para juzgarnos” demandaban los ancianos. No querían que los hijos malos los juzgaran, Querían un rey como todas las demás naciones que los rodeaban. Samuel se enojó, Israel tenia su propio rey “DIOS”, el eterno, gobernaba Israel, les libró de la esclavitud en Egipto y les regaló una hermosa tierra. Samuel oró a Dios y él le respondió “No te han desechado a ti, si no a mí, que no reine mas sobre ellos”, Han servido a otros dioses, oye su voz y hazle un rey”. 

Pero Dios dijo a Samuel que advirtiera al pueblo que su rey terrenal les cobraría impuestos, tomaría sus mejores campos y viñas, sus hijos irían al ejército, y sus hijas trabajarían en su servicio. Dios guió a Samuel a un hombre que era muy buen mozo, muy tímido y muy alto, una cabeza mas alto que los demás. Su nombre era Saul; Samuel obedeció a Dios y ungió a Saúl como rey de Israel. 

El pueblo clamo “Viva el Rey” pero pronto el rey Saúl fué puesto a prueba, los amonitas, que odiaban a Israel, rodearon una ciudad israelita y amenazaron con sacar el ojo derecho de cada hombre, estas noticias llegaron a oídos de Saúl quien preparo su ejército, Saúl ganó la batalla y dió la gloria a Dios diciendo “Hoy Dios ha dado salvación en Israel”. Dios dió a Saúl una gran victoria ese día, pero Saúl no siempre honraba a Dios. 

Un día antes de pelear Saúl ofreció un sacrificio a Dios, sabiendo que eso era trabajo de Samuel. Sabía que Dios quería que esperara hasta la llegada de Samuel para hacerlo. Pero Saúl desobedeció a Dios. Cuando Samuel llegó le dijo “Locamente has hecho, no guardaste el mandamiento de Dios que él te había ordenado, ahora tu reino no será duradero”. En otra oportunidad, Dios le ordeno destruir el pueblo impío de Amalec, pero Saúl y el pueblo dejaron vivir al rey Agag de Amalec, pero Samuel le dijo a Saúl “El obedecer es mejor que los sacrificios y por cuanto tú desechaste la palabra de Dios, él también te ha desechado para que no seas rey”. El resto de su vida fue triste por que no obedeció al señor.










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