COMIDA PARA ELÍAS





La lección bíblica de un vistazo

Dios envió a Elías a advertirle al rey Acab de la sequía que sobrevendría sobre la tierra por causa de la adoración a los ídolos. Elías entregó el mensaje y desapareció. El rey Acab estaba enojado. Dios le dijo a Elías que fuera al arroyo de Querit, donde estaría a salvo. Dios cuida de él enviando cuervos con comida para alimentarlo, y dándole agua del arroyo.

Ésta es una lección acerca de la gracia 

Dios se ocupa de nuestra seguridad y nuestras necesidades físicas. Para hacerlo, usa milagros y a otras personas. Todavía provee milagros de gracia para asegurar nuestra seguridad y salvación. Los niños también deben confiar en que Dios se ocupa de sus necesidades. Todos podemos estar agradecidos por el amor y el cuidado de Dios.

Enriquecimiento para el maestro 

“Las súplicas, reprensiones y amonestaciones que habían sido repetidas a menudo no habían inducido a Israel a arrepentirse. Había llegado el momento en que Dios debía hablarle por medio de los castigos. Por cuanto los adoradores de Baal aseveraban que los tesoros del cielo, el rocío y la lluvia no provenían de Jehová, sino de las fuerzas que regían la naturaleza, y que la tierra era enriquecida y hecha abundantemente fructífera mediante la energía creadora del sol, la maldición de Dios iba a descansar gravosamente sobre la tierra contaminada. Se iba a demostrar, a las tribus apóstatas de Israel, cuán insensato era confiar en el poder de Baal para obtener bendiciones temporales. Hasta que dichas tribus se volvieran a Dios arrepentidas y lo reconociesen como fuente de toda bendición, no descendería rocío ni lluvia sobre la tierra...

“Él [Elías] no procuró ser mensajero del Señor; la palabra del Señor le fue confiada... El profeta partió enseguida, y viajó día y noche hasta llegar a Samaria. No solicitó ser admitido en el palacio, ni aguardó a que se lo anunciara formalmente. Arropado con la burda vestimenta que solía cubrir a los profetas de aquel tiempo, pasó frente a la guardia, que aparentemente no se fijó en él, y se quedó un momento de pie frente al asombrado rey.

“Elías no pidió disculpas por su abrupta aparición... Si no lo hubiera dominado una confianza implícita en aquél a quien servía, nunca habría comparecido ante Acab... Como un rayo que bajara de un cielo despejado, el anuncio del castigo inminente llegó a los oídos del rey impío; pero, antes de que Acab se recobrara de su asombro o formulase una respuesta, Elías desapareció tan abruptamente como se había presentado, sin aguardar para ver el efecto de su mensaje.

“Mientras se dirigía a Samaria, Elías había pasado al lado de arroyos inagotables, colinas verdeantes, bosques imponentes que parecían inalcanzables para la sequía... El profeta podría haberse preguntado cómo iban a secarse los arroyos que nunca habían cesado de fluir, y cómo podrían ser quemados por la sequía aquellos valles y colinas. Pero no dio cabida a la incredulidad” (Profetas y reyes, pp. 88, 89).











     

Archivo

Formulario de contacto

Enviar