Boda en tiempos de coronavirus COVID-19





Lo importante es que dijimos sí a Dios


Lucas y Gloria en dos momentos de su boda, seguida por sus amigos por una aplicación de móvil

Pasaron de una boda de 150 invitados a una de diez. De una celebración por todo lo alto a un picoteo en casa de los padres de la novia. A empezar en una casa con muebles prestados. Gloria, de 24 años, y Lucas, a punto de cumplirlos, adelantaron un mes su enlace a causa del coronavirus. Todo fue muy distinto a cómo lo habían planeado, pero, como ellos mismos reconocen, infinitamente mejor


Gloria y Lucas iniciaron su noviazgo hace casi cuatro años. Se habían conocido en las misiones de jóvenes de Schoenstatt, grupos que dedican una semana de sus vacaciones a ayudar en parroquias de pueblos de España. Y tenían fecha de boda: el 18 de abril. Pero el coronavirus irrumpió con fuerza la semana pasada en Madrid y todo quedó en el aire. Así que decidieron lo que a muchos les parecería una locura pero que, para ellos, era lo más verdadero de sus vidas: fiarse del Señor y adelantar la boda a marzo para no dejarla sine die.

Es cierto que hasta la tarde del viernes 13, un día antes del enlace, no sabían si iban a poder hacerlo. Hasta que en el santuario de Schoenstatt de Pozuelo, donde tenían pensado contraer matrimonio, les dieron la autorización. Y sabiendo que se iba a decretar el Estado de alarma el sábado, no se lo pensaron. Con un ramo formado por margaritas cogidas de su jardín, «a las que mi padre le añadió algunas flores secas del funeral de mi abuela, que fue hace unos meses», y el vestido de novia de su hermana –«era el que me iba a poner, aunque me quedaba grande y, evidentemente, no hubo tiempo de arreglarlo»– Gloria llegó al santuario, donde la esperaba ya el novio –también con chaqué prestado–, con los padres y los hermanos.

«Boda a puerta cerrada, como en los partidos, y bien alejados unos de otros», contó por WhatsApp Lucas a sus amigos, a los que invitó a unirse a la celebración siguiendo el perfil @BodaGloriayLucas, creado en una aplicación que ofrece transmisiones en directo. Más de 80 personas se conectaron a la llegada de la novia y los primeros minutos del enlace, hasta donde estuvo permitido grabar.

«Es verdad que desde siempre –explica Gloria– habíamos tenido el anhelo de casarnos de una forma sencilla, pero es difícil porque estás muy condicionado por los protocolos… Hacerlo así ha sido un regalo de la Virgen y de san José, a los que nos habíamos encomendado, ya que además, al no ser apenas más que diez invitados, la ceremonia se pudo celebrar dentro del propio santuario». El sacerdote lo resumió a la perfección al comenzar: «¡La boda soñada por el Señor!».

A pesar de haber echado de menos a los abuelos de Lucas y a una hermana de Gloria que vive en Londres, el matrimonio tiene claro que no han renunciado a nada: «Lo importante es que le estábamos diciendo que sí a Dios, nos habíamos abandonado y no hubiéramos podido imaginar nada mejor», asegura Lucas. Se ahorraron los nervios propios de una boda superorganizada en la que se espera que todo salga perfecto, «y pudimos disfrutar de todos nuestros invitados y hacernos fotos con todos», subraya divertido el novio, mientras Gloria reconoce que fue una maravilla poder estar en casa de sus padres, en la terraza, después del enlace, «tomando algo tranquilamente, eso sí, en la distancia, sin abrazarnos…».

Ahora, Gloria y Lucas han comenzado a construir su hogar desde cero, y nunca mejor dicho, ya que el domingo les tuvieron que dejar prestados algunos básicos de cocina, mesa y sillas, material de limpieza… para poder empezar en su nueva casa porque «ni siquiera estaba abierto Ikea para ir de urgencia», explica Lucas. Pero todo compensa y con creces. «Por mucho que hagamos planes en la vida, Dios tiene otros y siempre superan nuestros sueños. Cuando dejas que Dios actúe, siempre te sorprende», concluye Gloria.

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