Salud cada día - SALUD POR INSPIRACIÓN Y POR PRINCIPIO - VIVA MEJOR CON MAS SALUD




VIVA MEJOR CON MAS SALUD

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SALUD POR INSPIRACIÓN Y POR PRINCIPIO


Salud cada día


La lucha por la salud debe ser diaria, así como sucede con la búsqueda de Dios cada día. La santidad y la vida saludable deben ir juntas. La consagración también implica la búsqueda permanente del conocimiento de la teoría y la práctica de una vida saludable. Es inconcebible que un cristiano consagrado no viva diariamente los principios de la salud instituidos por el Creador. 

¿Por qué la iglesia, en la División Sudamericana, participa de un movimiento tan grande en favor de la salud? 

“El cuerpo es el único medio por el cual la mente y el alma se desarrollan para la edificación del carácter. De ahí que el adversario de las almas encamine sus tentaciones al debilitamiento y a la degradación de las facultades físicas. Su éxito en esto envuelve la sujeción al mal de todo nuestro ser. A menos que estén bajo el dominio de un poder superior, las propensiones de nuestra naturaleza física acarrearán ciertamente ruina y muerte” (El ministerio de curación, pp. 91, 92).

Cuando nos volvemos a la Palabra de Dios en las primeras horas de la mañana, esto también producirá salud durante el día. En la presencia de Cristo experimentamos la atmósfera del cielo en la vida; y el “cielo es todo salud” (Consejos sobre la salud, p. 28), y cuanto más llenos estemos de la Palabra viva de Dios, mientras más sintamos esa influencia celestial que guía nuestros pasos, más salud tendremos y mayor propensión para prevenir y restaurar enfermedades.

Cuanto más cerca estemos de Cristo, más interés tendremos en cuidar del cuerpo y usar los verdaderos remedios indicados por el Creador.


I. Comenzar el día en la presencia de Dios: Comunión y salud

Comunión. Ve, de mañana bien temprano, a la presencia de Cristo y habla con él:

“Extendí mis manos a ti, mi alma a ti como la tierra sedienta. Hazme oír por la mañana tu misericordia, porque en ti he confiado; hazme saber el camino por donde ande, porque a ti he elevado mi alma. Líbrame de mis enemigos, oh Jehová; en ti me refugio. Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios; tu buen espíritu me guíe a tierra de rectitud” (Sal. 143:6, 8-10).

Por la mañana, en el banquete en la presencia del Padre y de Cristo, el Espíritu Santo nos ungirá, derramando sobre nosotros un poder vitalizador, capaz de soportar todo y hacernos victoriosos en
todas las circunstancias del día. Pablo habla, en Romanos 5:5, de que “el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado”.

Saldrá de su casa hacia el trabajo ungido por el amor de Cristo. Ese poder permeará sus acciones y producirá grandes maravillas en su vida. Veamos la acción curativa de este poder: 

“El amor que Cristo infunde en todo nuestro ser es un poder vivificante. Da salud a cada una de las partes vitales: el cerebro, el corazón y los nervios. Por su medio, las energías más potentes de nuestro ser
despiertan y entran en actividad. Libra al alma de culpa y tristeza, de la ansiedad y la congoja que agotan las fuerzas de la vida. Con él vienen la serenidad y la calma. Implanta en el alma un gozo que nada en la
tierra puede destruir: el gozo que hay en el Espíritu Santo, un gozo que da salud y vida” (El ministerio de curación, p. 78).

En la presencia de Cristo y en el poder del Espíritu Santo, será un deleite practicar los principios básicos de la salud. Veremos, a continuación, un resumen de esas recomendaciones del Creador para una vida saludable: espiritual, física y mental.




II. El médico de Dios y sus remedios

El título de este tema le puede parecer extraño, pero este médico existe y está a disposición de todos los que deseen consultarlo, y no cobra la consulta. ¿Quién es esa criatura bondadosa? El libro El ministerio de curación, en la página 202, dice: “La naturaleza es el médico de Dios”.

Este “médico” usa los verdaderos remedios en la ejecución de la verdadera medicinal natural, no solo para curar a los enfermos, sino también como medio para prevenir la enfermedad y el sufrimiento.

Estas orientaciones sagradas acerca de los ocho remedios naturales de la naturaleza fueron dadas a la iglesia conforme a la orientación profética. Se debe observar el sentido común, el discernimiento y el equilibrio, en el contexto de la comunidad y de la santidad, para que prevalezca el amor a Dios y al prójimo, y así evitar el legalismo y el fanatismo.

Los ocho remedios naturales verdaderos son:

Aire puro, luz solar, ejercicio, abstinencia, descanso, régimen conveniente, uso del agua y confianza en el poder divino; estos son los verdaderos remedios.

Aire puro. 

Usted puede estar varias semanas sin alimentarse, solo algunos días sin agua, pero unos pocos minutos sin respirar. Este remedio es indispensable para la existencia humana.

“La influencia del aire puro y fresco hace que la sangre circule en forma saludable por el organismo. Refresca el cuerpo, y tiende a fortalecerlo y a hacerlo saludable, mientras al mismo tiempo su influencia
se siente en forma definida en la mente, pues imparte cierto grado de compostura y serenidad. Excita el apetito, y hace que la digestión sea más perfecta, induciendo un sueño sano y dulce” (Consejos sobre el
régimen alimenticio, p. 123).

“El puro y tonificante aire del cielo es el don gratuito de Dios para los hombres y las mujeres. Será imposible que estos se sientan animosos, sanos y alegres a menos que aprecien esos ricos dones y les permitan cumplir su propósito” (Mi vida hoy, [MM 1953], p. 141).

Practicar:

● Adopte una postura relajada.
● Inspire el aire por la nariz, con la boca cerrada, hasta que sienta los pulmones llenos.
● Retenga el aire por algunos segundos.
● Coloque los labios en forma de silbar.
● Exhale el aire poco a poco, hasta que los pulmones se vacíen por la mitad. Luego, deténgase por algunos segundos y vuelva a exhalar hasta el final.
● Cuando haga ejercicio (caminata), inhale el aire cada ocho pasos y libérelo también a los ocho pasos.
● Cuando se canse, repose y reinicie.
(Estas sugerencias prácticas fueron extraídas del libro Do Artificial para o Natural, pp. 116, 117, de la autoría de Ângela B. Xavier Alves.)


Luz solar. Ventilación y luz solar

“En la construcción de edificios de utilidad pública o en los destinados a viviendas, urge asegurar buena ventilación y mucho sol. Las iglesias y las escuelas adolecen muchas veces de deficiencia en este respecto. A la falta de ventilación se debe una gran parte de la somnolencia y pesadez que contrarrestan el efecto de muchos sermones y hacen enojosa e ineficaz la tarea del maestro. [...] En la construcción de casas es de gran importancia asegurar completa ventilación y mucho sol. Haya circulación de aire y mucha luz en
cada pieza de la casa. Los dormitorios deben estar dispuestos de tal modo que el aire circule por ellos día y noche. Ningún cuarto es adecuado para servir como dormitorio a menos que pueda abrirse de par en par cada día para dar acceso al aire y a la luz del sol” (El ministerio de curación, p. 208).

Ejercicio. Fuimos creados para vivir en movimiento. O nos movemos o morimos. “El ejercicio aviva y regula la circulación de la sangre; pero en la ociosidad la sangre no circula con libertad, ni se efectúa su renovación, tan necesaria para la vida y la salud” (Ibíd., p. 182).

Actualmente, todas las investigaciones serias hablan de la importancia del ejercicio y de la dieta como elementos esenciales para la salud, el bienestar y la longevidad (revista Fundos de Pensão, agosto de 2006, p. 13). El ejercicio es tan importante como el alimento.

Comience a ejercitarse, y su corazón, sus pulmones, su aparato digestivo, su mente, sus huesos, sus músculos, su apetito, su sueño y otros se lo agradecerán.

En el caso de que no haya desarrollado y consolidado el hábito de practicar ejercicio regularmente, me gustaría que tomara en cuenta por lo menos dos recomendaciones:

● Busque a un profesional de la salud antes de comenzar a ejercitarse.
● Comience con el ejercicio que le da más placer, aquel que se adapta mejor a su realidad financiera, social y geográfica. Este, con certeza, será el mejor ejercicio; es decir, el que está logrando realizar.

“Ningún ejercicio puede reemplazar la acción de caminar” (Consejos sobre la salud, p. 197).

“El aire puro, la alegre luz del sol [...] el ejercicio al aire libre [...] favorecen la salud y la vida” (El ministerio de curación, p. 201).

Abstinencia (temperancia). 

Hasta lo que es bueno debe ser usado con moderación. La Biblia orienta: “Que vuestra mesura sea conocida de todos los hombres” (Fil. 5:5, BJ).

“La intemperancia en el comer es a menudo causa de enfermedad, y lo que más necesita la naturaleza es ser aliviada de la carga inoportuna que se le impuso” (Ibíd., p. 180). En tales situaciones, el ideal sería un ayuno, para que los órganos digestivos puedan descansar, seguido por un régimen de frutas, para que el cuerpo pueda recuperarse de la sobrecarga.

Deberíamos pensar menos en alimentos temporales: “Debemos estar constantemente meditando en la Palabra, comiéndola, digiriéndola y asimilándola al practicarla, de manera que sea llevada a la corriente de la vida. El que se alimenta de Cristo diariamente enseñará a otros por su ejemplo a pensar menos en lo que come y a sentir mucha mayor ansiedad por el alimento que da a su alma” (Consejos sobre el régimen alimenticio, p. 106).

Reposo. El descanso como remedio

“Algunos enferman por exceso de trabajo. Para los tales, el descanso, la tranquilidad y una dieta sobria son esenciales para la restauración de la salud” (El ministerio de curación, p. 181).

Evitar el uso de alimentos antes de dormir. El proceso digestivo durante el reposo no es adecuado e interfiere con la calidad del sueño. Atienda, entonces, cuidadosamente, estas orientaciones sagradas:

“Cuando nos entregamos al descanso, el estómago debe haber concluido ya su tarea, para que él también pueda descansar, como los demás órganos del cuerpo” (Ibíd., p. 234).

“En esa forma, el estómago no tiene el descanso debido, se perturba el sueño, el cerebro y los nervios se cansan, se pierde el apetito por el desayuno y todo el organismo no recibe nuevo vigor, ni está preparado para desempeñar los deberes del día” (La educación, p. 205). Dormir antes de la medianoche es lo ideal.
El sábado es la bendición del descanso semanal.


Régimen conveniente: Frutas, verduras, cereales y oleaginosas.

“Los cereales, las frutas frescas, las frutas oleaginosas o nueces y los vegetales, debidamente combinados, contienen todos los elementos nutritivos y, si están bien preparados, constituyen la alimentación que
más aumenta la fuerza física y mental” (Ibíd., pp. 204, 205).

“Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios” (1 Cor. 10:31).

Uso del agua. 

“Estando sanos o enfermos, el agua pura es para nosotros una de las más exquisitas bendiciones del Cielo. Su empleo conveniente favorece la salud. Es la bebida que Dios proveyó para apagar la sed de los animales y del hombre. Ingerida en cantidades suficientes, el agua suple las necesidades del organismo y ayuda a la naturaleza a resistir a la enfermedad. Aplicada externamente, es uno de los medios más sencillos y eficaces para regularizar la circulación de la sangre. Un baño frío o siquiera fresco es excelente tónico. Los baños calientes abren los poros, y ayudan a eliminar las impurezas. Los baños calientes y templados calman los nervios y regulan la circulación” (El ministerio de curación, p. 181).

“Vi que era un deber sagrado atender nuestra salud y despertar a otros ante su deber en este sentido, pero no cargar nosotros con la preocupación de su caso. Sin embargo, tenemos el deber de hablar, de oponernos a la intemperancia en todas sus formas –intemperancia en el trabajo, en el comer, en el beber, intemperancia en el consumo de drogas–, y entonces señalarles la gran medicina de Dios: el agua, el agua pura y suave, para la enfermedad, para la salud, para la limpieza y la higiene, y para los lujos” (Mensajes selectos, t. 3, pp. 318, 319).

Beneficios del uso del agua:

● Regula la circulación de la sangre.
● Calma los nervios.
● Respiración.
● Digestión.
● Saliva y lágrimas.
● Control de la temperatura.
● Flexibilidad.
● Otras necesidades del organismo.

Permanezca atento a las señales de deshidratación: sed, color de la orina, piel seca, dolor de cabeza, fatiga, entre otros.

Así como colocamos agua en el reservorio del automóvil, cuando está bajo de nivel y no cuando está seco, de la misma forma debemos ir a la canilla no solamente cuando estamos con sed, sino antes de ella. La sed ya es una señal de que nuestra hidratación está baja; es decir, si no nos cuidamos, podemos recalentar nuestro organismo como un auto con bajo nivel de agua.



Use en abundancia esta bendición de Dios. Recuerde:

● En el caso de que quiera permanecer vivo, tome cinco vasos al día.
● Para sentirse bien, use ocho vasos.
● Y, para rejuvenecer diariamente, tome diez vasos.

En resumen, ingiera de dos a tres litros de agua todos los días.

Confianza en el poder divino. Este es el principal de los remedios. En caso de que los otros fallen, este no lo hará cuando la cura sea para la gloria de Dios.

El poder curativo viene del Señor: “Sáname, oh Jehová, y seré sano; sálvame, y seré salvo; porque tú eres mi alabanza” (Jer. 17:14)

El recurso de la oración: Podemos alcanzar, por medio de ella, lo que ningún hombre o institución humana puede hacer por nosotros.

“El amor a Dios es esencial para la vida y la salud. La fe en Dios es indispensable para la salud. A fin de poseer una salud perfecta, nuestros corazones deben estar llenos de amor, esperanza y gozo en el Señor” (Consejos sobre mayordomía cristiana, p. 121).

El gran poder del restaurador: El poder curativo de Cristo debe ser la esperanza de todos los que sufren y padecen enfermedades crónicas o no. Hoy, el Salvador invita a los sufrientes a tener fe en él. La necesidad del hombre es la oportunidad de Dios (ver Mar. 6:1-5).


III. Desarrollo y consolidación del hábito

Nuestro desafío es llevar a cada participante del SEE II a desarrollar y consolidar el hábito del uso de estos remedios divinos cada día. 

Así como con el SEE I, haremos la jornada de los cuarenta días, para desarrollar el hábito, y continuaremos por ciento ochenta días más, hasta que lo hayamos consolidado.

Durante la Jornada, tendrá una motivación diaria, divisando la concienciación de que la persona que es vencedora es la que hace lo que se debe hacer, hasta acostumbrarse. Así, el proceso del desarrollo y
de la consolidación del hábito de usar diariamente los remedios de la naturaleza ocurrirá naturalmente.

Creemos que no es suficiente con presentar una serie de informaciones acerca de la salud. Es necesario tener un objetivo específico que debe ser alcanzado. El Ministerio de Mayordomía Cristiana tiene como desafío llevar a cada creyente a desarrollar y consolidar el hábito del uso diario de los remedios de la naturaleza. Estamos convencidos de que este es el camino, pues cuando ayudamos a las personas a formar hábitos correctos, ayudamos a la naturaleza en su obra de restauración, mediante el uso sabio de sus propios remedios sencillos (Consejos sobre el régimen alimenticio, p. 540).

Conclusión

“Si pudiésemos comprender que los hábitos que adquirimos en esta vida afectarán nuestros intereses eternos, y que nuestro destino eterno depende de que nos habituemos a ser temperantes, lucharíamos para ser estrictamente temperantes en el comer y el beber” (Ibíd., pp. 275, 276).

Usando cuidadosamente los verdaderos remedios de la naturaleza, raramente estaremos interesados en utilizar los medicamentos tradicionales. Los que usan estos medicamentos, pero comienzan a utilizar los remedios de la naturaleza, luego se librarán de casi todas esas drogas.

El 90% de todas las enfermedades se originan en la mente, y lo que afecta al cuerpo, afecta a la mente.

“Por doquiera prevalece la enfermedad mental. El noventa por ciento de las enfermedades que sufren los hombres tienen su fundamento en esto [...] la religión de Cristo es uno de sus remedios más eficaces; porque es un calmante poderoso para los nervios” (Consejos sobre la salud, p. 321).

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