La formación de un líder (Texto bíblico: Éxodo 1-15)


La formación de un líder

Uno de los personajes más conocidos de la Biblia es Moisés. Sus acciones y enseñanzas ocupan
muchos capítulos. Moisés fue el hombre que realizó la gran proeza de sacar a su pueblo de la
esclavitud de Egipto, de entregarle la Ley por la que debería regirse en adelante, y de conducirlo a
la Tierra prometida. Moisés es el gran líder de Israel, y su memoria se mantendrá de generación en
generación.
Sin embargo, el gran Moisés no surge de la nada. Ha necesitado una preparación, que Dios mismo
se encarga de realizar a través de personas y circunstancias.
Ante todo, Moisés está condenado a muerte antes de nacer. Todo hebreo varón debía ser
eliminado. Él salva su vida milagrosamente: de forma paradójica es adoptado por la hija del Faraón,
el mismo que había decretado exterminar a los israelitas. El futuro de Israel (es decir, el instrumento
de Dios para la salvación de su pueblo) ha debido antes que nada ser salvado.
Cuando crece y ve la opresión de sus hermanos, mata a un egipcio y pretende poner en paz a dos
hebreos que discutían entre sí. Resultado: tiene que salir huyendo, porque el Faraón le busca para
matarle, y refugiarse en el desierto. Ha tomado la iniciativa de salvar por su cuenta, y termina en el
fracaso: en el desierto, donde no hay nada, donde no tiene protección y está a la intemperie, donde
no significa nada para nadie.
Pero es precisamente ahí, en el desierto, donde Dios le espera para manifestarse a él y para
revelarle su Nombre. Moisés tiene una experiencia intensa del Dios vivo, que le da a conocer sus
planes y le envía a salvar a su pueblo. Pero antes ha tenido que descalzarse. Moisés ha entrado en
terreno sagrado. Ya no es dueño de la situación como creía serlo cuando mató al egipcio para hacer
de salvador. Ahora está sometido a Otro y a sus planes, que son misteriosos, como misterioso es el
fenómeno de la zarza ardiendo sin consumirse.
Moisés acepta la misión, apoyado en la promesa del Dios que le ha dicho: «Yo estaré contigo». Y,
sin embargo, no le vemos convencido del todo. Se va a resistir y por razones que nosotros
consideraríamos muy válidas: se le encarga hablar al Faraón siendo tartamudo. Dios parece usar de
la ironía. Pero el texto bíblico nos dice que el Señor se indignó por esta objeción: revelaba falta de
fe. Y es que Moisés no ha cambiado del todo: el que se creía capaz de salvar a su pueblo apoyado
en sus dotes y buena voluntad, ahora se siente incapaz al ver sus limitaciones. En el fondo sigue
pensando que el éxito depende de él y de sus cualidades.
Por tanto, la educación debe proseguir. Cuando inicia su misión –esta vez en nombre de Dios–
vuelve a fracasar. Faraón no le hace caso y la situación empeora, recrudeciéndose la opresión contra
el pueblo elegido. Las cosas parecen salir al revés y el mismo pueblo –amargado por la situación–
no le escucha y hasta le recrimina sus intentos de salvar.
Moisés ha tocado fondo. Moisés se queda solo. Solo ante el Dios que le ha enviado y parece que
no responde. Solo ante el pueblo que le rechaza. Solo ante el Faraón que le acusa de soliviantar al
pueblo. Ha tocado fondo y Dios tiene que renovarle la certeza de su vocación.
Y ahora sí, este Moisés desposeído de sí mismo será el instrumento de Dios para realizar grandes
signos (las famosas plagas). No es su poder, sino el de Dios, de quien él se percibe instrumento
inútil.
Pero las plagas no significan éxito inmediato. Al contrario, el Faraón se obstina y se resiste; las
dificultades no cesan. Moisés tiene que ser educado en la fe y en la paciencia.
Así, cuando llegue el momento del éxodo, será el hombre de la fe. Frente a la dificultad objetiva
(cerrados entre el mar Rojo y el ejército poderoso del Faraón) y frente al desaliento del pueblo (que
ve todo perdido), Moisés se mantiene firme: «El Señor peleará en vuestro favor». «Se mantuvo
firme como viendo al Invisible» (Hb 11,27). Y gracias a esta fe y a esta firmeza se realizó el
milagro del éxodo.
Ante un mundo que valora mucho el liderazgo, la Iglesia se siente tentada a hacer lo que cualquier
empresa comercial: adiestrar líderes mirando sus cualidades humanas, enseñándoles técnicas
adecuadas, utilizando resortes psicológicos… La historia de Moisés nos muestra las cualidades del
verdadero líder cristiano y de los caminos por lo que Dios le forma: despojado totalmente de sí y
apoyado exclusivamente en la fuerza de su Dios.
(Texto bíblico: Éxodo 1-15)

Comentarios

¡Le invitamos a compartir sus ideas con nosotros en los comentarios!

Archivo

Formulario de contacto

Enviar