CAPÍTULO 1 - EL CONFLICTO CÓSMICO - Libro Complementario de Escuela Sabática | 2do Trimestre 2018 - Preparados para el Tiempo del Fin - Norman R. Gulley



CAPÍTULO 1
EL CONFLICTO CÓSMICO 
—Recuerdo que cuando era niño, en Inglaterra, miraba el cielo )) desde la ventana de mi dormitorio y le preguntaba a mi madre:
—¿Qué es la eternidad? ¿Cuánto tiempo dura?
—Dura para siempre —me respondía ella con una sonrisa.
—¿Cómo puede ser posible? —me preguntaba—. Todo tiene un principio y un final. ¡La eternidad es imposible!
Aquella noche soñé que fui al cielo y me uní a otros en una circunvalación sin fin llamada eternidad. Una vez en ella no podía salirme. El miedo se apoderó de mí. Sintiéndome atrapado, grité: «¡Déjenme salir!». Ese grito me despertó y sentí un gran alivio. Pero seguía desconcertado.
¿Es Cristo eterno? Cuando Proverbios 8: 22 menciona: «El Señor me dio la vida como primicia de sus obras» (NVI), ¿está queriendo decir que el Padre celestial creó a su Hijo en algún momento pasado de la eternidad? Si es así, entonces Cristo tuvo un comienzo.
En un artículo, Elena G. de White explicó el significado de Proverbios 8: 22. Ella afirmó que las palabras de Cristo, identificándose como «YO SOY», implican una existencia eterna. Dijo: «Cristo es el Hijo de Dios preexistente y existente por sí mismo». Y añadió: «Al hablar de esta preexistencia, Cristo hace retroceder la mente hacia las edades sin fin. Nos asegura que nunca hubo un tiempo cuando él no haya estado en estrecha relación con el Dios eterno».1 Seis años después, Elena G. de White repitió su explicación de Proverbios 8: 22. Dijo que Cristo, «el divino Hijo de Dios, existió desde la eternidad».2
Por lo tanto, Cristo no provino del Padre. Cristo existe desde «los días de la eternidad» (Miq. 5: 2) y es llamado también «Padre Eterno» (Isa. 9: 6).
La rebelión de Lucifer
El conflicto cósmico comenzó en el corazón de Lucifer (al que también se le llama Satanás, que significa «adversario»). A pesar de ser un simple ser creado, Lucifer quiso reemplazar al Hijo eterno; pero Cristo tenía una eternidad de experiencia como Dios y contaba con un «trono de gloria, excelso desde el principio» (Jer. 17: 12). Satanás no podía superar estas credenciales.
Cristo también «creó los mundos innumerables y los sostiene a través de la inmensidad del espacio».3 ¿Cómo podría Lucifer gobernar el universo si ni siquiera puede crear una hoja de hierba y no es omnipresente? ¡Está confinado a un solo lugar y por lo tanto no tiene las cuali-ficaciones necesarias! Pretendía reemplazar al Creador de todo, ¡incluso de él mismo! (Col 1:16; Heb. 1:2). ¡Qué engreimiento el de Lucifer!
A pesar de todo esto, «poco a poco Lucifer llegó a albergar el deseo de ensalzarse. "Tú [Lucifer] que decías en tu corazón: [...) En lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono [...] y seré semejante al Altísimo" (Isa. 14: 13, 14). [...] Lucifer se aventuró a codiciar el homenaje que solo debe darse al Creador».4
El odio de Satanás hacia Cristo partió de un orgullo ciego. La Palabra dice que él «ha sido homicida desde el principio» (Juan 8: 44). ¿Qué significa esto? Que si le hubiera sido posible, habría matado a Cristo en el cielo. «El propósito de este príncipe de los ángeles llegó a ser disputar la supremacía del Hijo de Dios, y así poner en tela de juicio la sabiduría y el amor del Creador».5 Acusó a Dios de ser un «tirano vengativo».6 Denunció la ley de Dios «como restricción de su libertad y declaró que el objeto que él perseguía era asegurar la abolición de la ley para que, libres de esta traba, las huestes del cielo pudieran alcanzar un grado de existencia más elevado y glorioso».7
Basta con mirar los ambiciosos planes de Satanás: «El gobierno de Dios incluía no solo a los habitantes del cielo sino también los de todos los mundos que había creado; y Lucifer llegó a la conclusión de que si pudiera arrastrar a los ángeles celestiales en su rebelión, podría también arrastrar a todos los mundos».8
En respuesta, el Rey del universo reunió a todos los ángeles para explicar que Cristo era tan divino como él y que juntos habían creado todos los mundos. En esta obra, Cristo jamás había buscado la exaltación de sí mismo.9
«Los ángeles reconocieron con mucho gozo la supremacía de Cristo [...]. Lucifer se postró con ellos, pero en su corazón se libraba un extraño y feroz conflicto. [...] La influencia de los santos ángeles pareció por algún tiempo arrastrarlo con ellos. Mientras en melodiosos acentos se elevaban himnos de alabanza cantados por miles de alegres voces, el espíritu del mal parecía vencido; indecible amor conmovía su ser entero; al igual que los inmaculados adoradores, su alma se llenó de amor hacia el Padre y el Hijo. Pero luego se llenó del orgullo de su propia gloria. Volvió a su deseo de supremacía, y nuevamente dio cabida a su envidia hacia Cristo».10
Cristo amaba a Lucifer con un amor y «piedad» infinitos.11 Anhelaba salvarlo. «Fue retenido aún por mucho tiempo en el cielo. Varias y repetidas veces se le ofreció el perdón con tal de que se arrepintiera y se sometiera».12 «Lucifer quedó convencido de que se hallaba en el error. [...] Casi decidió volver sobre sus pasos, pero el orgullo no se lo permitió».13 Finalmente, se vio obligado a marcharse.
Después de su destitución del cielo, Lucifer pidió una entrevista con Cristo y se le concedió. Quería ser restituido en el cielo y Cristo lloró por su estado. Sin duda, la pretensión de Satanás en el cielo de proveer una mayor libertad no era lo que él mismo estaba experimentando. Había perdido la alegría que los seres sin pecado tenían al estar unidos a Cristo. La rebelión de este ángel había alcanzado un punto irremediable.14 Cristo amaba a su adversario y derramó lágrimas por él, pero Lucifer respondió con odio.
Estos dos aspectos de la controversia, el amor y el odio, eran precisamente los que necesitaban ser revelados completamente a todos los seres creados en el vasto universo. La rebelión de Satanás en el cielo había sido ejecutada bajo un disfraz de lealtad y necesitaba ser completamente desenmascarada. Al mismo tiempo, debía demostrarse que las acusaciones contra Cristo eran falsas.
Fue por eso que a Satanás se le permitió vivir y no recibir de inmediato la paga de la muerte por su pecado de traición contra Cristo. Si Satanás hubiera recibido su merecido, los seres creados se habrían preguntado si las afirmaciones de que Dios es un ser tiránico e inflexible eran ciertas. No habría solución al conflicto cósmico. La plena exposición y revelación de los dos lados del conflicto era la solución más sabia. «Para bien del universo entero a través de las edades sin fin, era preciso dejar que el mal llegara a su madurez, y que Satanás desarrollara más completamente sus principios, a fin de que todos los seres creados reconocieran el verdadero carácter de los cargos que arrojara él contra el gobierno divino y a fin de que quedaran para siempre incontrovertibles la justicia y la misericordia de Dios, así como el carácter inmutable de su ley».15
La campaña de Lucifer contra Cristo en el cielo estaba fundamentada en un cambio. Él afirmaba que podía proporcionar un mejor futuro bajo su liderazgo que el ofrecido por Cristo. El cambio fue la oferta hecha a los ángeles, y muchos fueron engañados por Lucifer. Pero era una falsa promesa:
«"Dios es amor" (1 Juan 4:16). Su naturaleza y su ley son amor. Lo han sido siempre, y lo serán para siempre. "El Alto y Sublime, el que habita la eternidad", cuyos "caminos son eternos", no cambia. En él, "no hay mudanza ni sombra de variación" (Isa. 57: 15; Hab. 3:6; Sant. 1:17).
»La historia del gran conflicto entre el bien y el mal, desde que principió en el cielo hasta el final abatimiento de la rebelión y la total extirpación del pecado, es también una demostración del inmutable amor de Dios».'6
El amor inmutable de Dios expone la falsa campaña de Lucifer. «Dios desea de todas sus criaturas el servicio que nace del amor, de la comprensión y del aprecio de su carácter. No halla placer en una obediencia forzada, y otorga a todos libre albedrío para que puedan servirle voluntariamente».17 ¡Qué paciencia, qué sabiduría, qué amor el de Dios!
La seducción en el jardín
Fijémonos en las diferentes declaraciones de Cristo y Satanás en el Edén. Cristo dijo, con respecto al fruto prohibido: «SI comen de él, ¡morirán!» (ver Gén. 2: 16, 17). Satanás se opuso descaradamente: «¡No es cierto, no van a morir!» (Génesis 3: 4, 5, NVI). Lucifer comenzó la controversia cósmica en el planeta Tierra cuestionando la palabra de Dios, y ha continuado la misma práctica a lo largo de la historia humana.
A diferencia de Satanás, es obvio que Cristo amaba a Adán y Eva. Para protegerlos de las intrigas de Satanás, Cristo envió dos ángeles para advertirles en cuanto a Satanás y decirles «que podían obedecer la ley de Dios y ser inefablemente felices, o desobedecerla y perder su elevada condición y caer en la desesperación».18
Adán y Eva dijeron que nunca desobedecerían el mandamiento de Dios «pues su mayor placer consistía en hacer su voluntad».1' Dios prometió que «si fuera necesario todos los ángeles del cielo acudirían en su ayuda antes que permitir que él [Satanás] los perjudicara de alguna manera».20
Pero Satanás era astuto. En aquellos días, las serpientes volaban y tenían una apariencia deslumbrante. Satanás tomó la forma de una bella serpiente para engañar a Adán y Eva. Con esta apariencia, «se ubicó en el árbol del conocimiento y comenzó a comer de su fruto con despreocupación».21
¡Qué espectáculo preparó Satanás! Hasta comenzó a comer del fruto prohibido. Pero Cristo le había dicho a Adán: «De todo árbol del huerto podrás comer; pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás, porque el día que de él comas, ciertamente morirás» (Gén. 2: 16, 17). Y «los ángeles aconsejaron a Eva que no se separara de su esposo».22 Sin embargo, «cuando se percató del hecho, tuvo la sensación de que estaba en peligro, pero nuevamente se sintió segura, aunque no estuviera cerca de su esposo. Creía tener sabiduría y fortaleza para reconocer el mal y enfrentarlo».21 No solo se había alejado del lado de Adán, sino también de la presencia de Cristo. Estaba en grave peligro. Su independencia se había convertido en desobediencia, incluso antes de transgredir la advertencia de Cristo de que moriría si comía el fruto del árbol prohibido.
Eva llegó al árbol prohibido, contempló el fruto con «curiosidad y admiración», y se preguntó «por qué Dios habría prohibido tan decididamente que comieran de su fruto o lo tocaran».24 Después de todo, la serpiente estaba comiendo del fruto y seguía viva. La serpiente también afirmó que era capaz de hablar gracias a que había comido del fruto.25
Fijémonos en la trampa de Satanás: Eva creyó en lo que había visto más que en lo que le habían dicho. ¡Ver es creer! Eva concluyó que el hecho de que la serpiente estuviera hablando y que no hubiera muerto al comer del fruto constituía una evidencia irrefutable. La serpiente también «alabó la belleza y el extraordinario encanto de Eva, lo que no le resultó desagradable».26 ¡Qué artimañas las de Satanás!
Eva escuchó atentamente lo que la serpiente le dijo. Debe haber pensado: Si una serpiente puede hablar después de comer el fruto, ;imaginen lo que podría hacer yo! ¡Seré como Dios! (ver Gén. 3: 5). ¡ Qué tentador! Parecía que Dios quería mantenerla alejada de todo su potencial. En otras palabras, la serpiente parecía estar más interesada en ayudarla que Cristo, su Creador.
A estas alturas, la mente de Eva había sido dominada por el engaño. De hecho, «Eva no se sintió horrorizada al oír que el Dios santo y supremo era acusado falsamente. Si hubiera vuelto sus pensamientos hacia Dios [...] y recordado todas las muestras de su amor, [...] habría podido ser salvada. [...] Una sola palabra para reivindicar a su Creador habría hecho huir al acusador».27 En cambio, Eva vio «que el árbol era bueno para comer, agradable a los ojos y deseable para alcanzar la sabiduría, tomó de su fruto y comió» (Gén. 3: 6).
Eva creyó en un extraño que no le había dado nada y dejó de creer en su Creador que le había dado todo. «Eva estaba encantada, halagada, infatuada».28 Ese es el poder del «ver es creer». Eva debió haber recordado las palabras de Cristo: «Si comes, morirás». Creer en sus palabras le habría dado el discernimiento necesario para identificar el engaño. Le habría dado la capacidad de ver más allá de la falsificación.
Nuestra mente» el campo de batalla
El conflicto cósmico en el planeta Tierra se escenifica en la mente, al igual que ocurrió en el cielo. El hecho de que los ángeles y Adán y Eva fueron víctimas de esta batalla demuestra que el engaño puede tener una poderosa influencia en las mentes, aunque sean perfectas. ¡Cuánto más poderoso puede llegar a ser entonces el engaño en nuestras mentes imperfectas y caídas!
Como se señaló anteriormente, el método de «ver es creer» es una poderosa herramienta que forma parte de los métodos de engaño de Satanás, ya que lo que miramos causa una impresión perenne en nuestra mente. Programas de televisión impuros, películas y telenovelas pueden corrompernos y alimentar nuestra naturaleza caída. Debemos elegir sabiamente, ya que alimentar la mente con esta clase de contenidos es tan dañino como darle veneno al cuerpo. Cosechamos lo que sembramos (ver Gál. 6: 7).
Sin embargo, ¡tenemos razones para tener esperanza! Nuestro boleto al cielo fue pagado por Cristo en el Calvario al precio más alto. Nadie más podía pagar ese precio. Ese boleto está ahora disponible para nosotros, y es gratis. Cuando elegimos a Jesús, nos apropiamos de su poder. El ingenioso engañador no es rival para un corazón protegido por el Hijo de Dios. Jesús nos da el poder para escoger sabiamente y frustrar las tentaciones de Satanás. En un mundo caído, Satanás nos hace sentir fracasados y culpables, mientras que Cristo nos da su poderosa presencia para recibir libertad y salvación.
«El Hermano Mayor de nuestra familia humana está al lado del trono eterno. Mira a toda alma que se vuelve hacia él como al Salvador. Sabe por experiencia cuáles son las debilidades de la humanidad, cuáles son nuestras necesidades, y en qué reside la fuerza de nuestras tentaciones porque fue tentado en todo punto, así como nosotros, aunque sin pecar. Él vela sobre ti, tembloroso hijo de Dios. ¿Estás tentado? Él te librará. ¿Eres débil? Él te fortalecerá. ¿Eres ignorante? Te iluminará. ¿Estás herido? Te sanará [...]
«Nuestro Padre celestial tiene para proveernos de lo que necesitamos mil maneras de las cuales no sabemos nada. Los que aceptan el principio de dar al servicio y la honra de Dios el lugar supremo, verán desvanecerse las perplejidades y percibirán una clara senda delante de sus pies».29
Pablo señala el enfoque definitivo que debe tener nuestra mente: «Así que, todos nosotros, a quienes nos ha sido quitado el velo, podemos ver y reflejar la gloria del Señor. El Señor, quien es el Espíritu, nos hace más y más parecidos a él a medida que somos transformados a su gloriosa imagen» (2 Cor. 3: 18, NTV). Al ver de continuo a Cristo, somos transformados a su semejanza y «cuando él se manifieste, seremos semejantes a él» (1 Juan 3: 2).
El conflicto cósmico arrecia y la neutralidad no es una opción. Cada ser humano debe hacer su elección, y la mejor opción es aceptar a Jesucristo como Salvador personal. Es el momento perfecto para fortalecer nuestra mente y corazón con la Palabra de Dios: «Solo los que hayan fortalecido su espíritu con las verdades de la Biblia podrán resistir en el último gran conflicto».30

1. Elena G. de White, Signs of the Times, 29 de agosto de 1900.
2. Elena G. de White, La fe por la cual vivo, p. 48.
3. Elena G. de White, El conflicto de los siglos (Doral, Florida: 1ADPA, 2011), cap. 41, p. 633.
4. Elena G. de White, Patriarcas y profetas (Doral, Florida: IADPA, 2008), cap. 1, p. 13.


5. Ibíd., p. 14.
6. El conflicto de los siglos, cap. 34, p. 524.
7. Ibíd., cap. 30, p. 490.
8. Patriarcas y profetas, cap. 1, p. 19.
9. Ibíd., p. 14.
10. Ibíd., pp. 14, 15.
11. Ibíd., p. 17.
12. El conflicto de los siglos, cap. 30, p. 486.
13. Patriarcas y profetas, cap. 1, p. 17.
14. Elena G. de White, La historia de la redención (Doral, Florida: IADPA, 2013), cap. 1. p. 14.
15. El conflicto de ¡os siglos, cap. 30 p. 489.
16. Patriarcas y profetas, cap. 1, pp. 11, 12.
17. Ibíd. p 12.
18 .La historia de la redención, cap. 3, p. 2!5.
19. Ibid., pp. 26, 27.
20. íbid., p. 26.
21. lbíd., cap. 4, p. 31.
22. Ibid., cap. 3, p. 26.
23. ibid., cap. 4, p. 31.
24. Ibíd.
25. Elena G. de White, La educación (Doral, Florida: IADPA, 2013), cap. 3, p. 24.
26. La historia de la redención, cap. 4, p. 30.
27. Elena G. de White, «God's Requirement in Grace, íhe Same as in Paradise», Signs of the Times, 12 de mayo de 1890.


28. IbúL, p. 34. 
i
29. Elena G. lie White, i;l Desaub de todas las gentes (Doral, Honda: IADPA, 2007), cap. 34, pp. 300, 301.
30. El conflicto de los siglos, cap. 38, p. 580.

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