Lucha por el poder.

La rebelión de Coré y sus asociados contra Moisés y Aarón era tan profunda que Dios tuvo que destruirlos con un terremoto, fuego y plagas. Esto debería servirnos como advertencia contra la envidia y los celos, como lo hicieron las placas de bronce sobre el altar. Si oráramos por nuestros dirigentes, apreciáramos lo que Dios ha hecho por ellos y por nosotros, se podría evitar que los problemas internos que sufrió el antiguo Israel nos afectaran a nosotros.

Saber que los líderes y el pueblo se amotinaron contra los elegidos de Dios. Sentir el reconocimiento de la insidiosa y moral naturaleza de la rebelión y de las medidas necesarias para detenerla. Hacer un repaso y renovar los recordativos que Dios ha establecido para que sigamos en sus senderos.

"Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu" (Prov. 16:18).


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